Durante mucho tiempo creí que el amor propio era sentirme bien conmigo, aceptarme siempre, estar en calma y en armonía. Hoy sé que no necesariamente es así.
El amor propio no siempre nace como una emoción bonita ni aparece cuando todo está en orden. Muchas veces comienza cuando dejas de huir de ti. Cuando enfrentas esos aspectos que quizás no son gratos…esas sombras que averguenzan, esas oportunidades desperdiciadas, esos aspectos que muchas veces cuesta aceptar porque se alejan de quien quisieras ser o haber sido.
Para mí, el amor propio es presencia. Es quedarte contigo cuando no te gusta lo que sientes, cuando duele, cuando aparece la culpa, la tristeza o el cansancio. No es tratarte bien solo cuando estás bien, sino dejar de castigarte cuando no lo estás. Cuando entiendes que no puedes seguir abandonándote si quieres algo mejor, cuando dejas de exigirte ser fuerte todo el tiempo y empiezas a mirarte con compasión, no con esos ojos duros y severos con los que muchas se juzgan.
Amarte no es corregirte constantemente ni empujarte a sanar más rápido. No es arreglarte ni convertirte en alguien distinto. Amor propio es aceptar la realidad que estás viviendo y, desde ahí, elegir cuidarte. Es habitar tu cuerpo, escucharte, poner límites y permitirte ser un ser humano. A veces se siente incómodo, porque implica decir basta, soltar expectativas, hacer el trabajo de cambiar ciertos hábitos o conductas y dejar de vivir para cumplir con una imagen o una misión que no te incluye.
Nace de la relación que construyes contigo a lo largo del tiempo, no de cómo te sientes contigo en un momento dado. Porque hay momentos en los que nos sentimos estupendamente bien y deseamos amarnos, pero otros en los que no es así.
Surge cuando empiezas a reconocerte como alguien digno de cuidado, incluso antes de creer que lo eres. Al principio no es un sentimiento que puede estar muy presente, es más bien una práctica. Una prática de atender tus necesidades físicas y emocionales, tomar decisiones que te protegen, y responsabilizarte de tu bienestar sin exigirte perfección. Muchas personas esperan “sentirse valiosas” para cuidarse, pero en realidad ocurre al revés: te cuidas primero y con el tiempo, aparece la sensación de valía.
El amor propio también nace cuando desarrollas autoconocimiento. Al entender cómo funcionas, de dónde vienen tus reacciones, tus miedos y tus límites, dejas de verte como un ser defectuoso y empiezas a verte como un sistema coherente que aprendió a sobrevivir en un entorno que puede no haber sido muy favorable. Esa comprensión reduce la vergüenza y abre espacio para una autoestima más realista, basada en quién eres y no en quién deberías ser.
Aprender a utorregularte, sostener emociones difíciles sin negarlas ni dejar que te definan, es parte vital de lo que viene a medida que te conoces, porque van a surgir emociones que no van a gustarte. Cada vez que atraviesas una emoción intensa sin abandonarte, el sistema interno aprende que eres una base segura para ti. Ahí se fortalece la confianza interna, que es uno de los pilares más sólidos del amor propio.
Aprender a quererse cuando lo has olvidado, implica alinear tus acciones con tus valores. Cuando dices no a lo que te daña, eliges entornos más sanos y haces espacio para lo que te nutre, tu mente y tu cuerpo registran coherencia. Y esa coherencia es lo que con el tiempo, se traduce en autoestima, porque te vuelves confiable para ti.
Cuando el afecto hacia uno mismo se a perdido o se ha escondido tanto que casi no se nota, es algo que se construye cuidandose aunque no se tenga ganas, aunque no se sienta natural cuidarse, aunque incluso se vea como una carga pesada por toda la responsabilidad que parece aumentar. Aparece con toda esa dedicación que pones en ti, no de golpe ni como una emoción elevada, sino como una consecuencia de lo que sostienes a diario. Nace de la práctica constante de cuidarte, comprenderte y respetarte, hasta que un día, te das cuenta de que ya no te tratas como alguien descartable, sino que has vuelto a reconcectar, con ese afecto que por derecho de nacimiento, te correspondíó siempre.
No se puede sostener un camino profundo —ni espiritual ni humano— si no aprendes a sostenerte. Porque la sanación no se integra cuando te tratas como a un enemigo. Aprender a quererte cuando lo has olvidado, es responsabilidad emocional. Es dejar de huir. Es elegirte una y otra vez, incluso cuando no sabes cómo hacerlo bien.
Quizá el amor propio no sea llegar a amarte todo el tiempo. Quizá sea algo mucho más simple y verdadero: no volver a abandonarte solo porque no cumples con las expectativas que te has impuesto.

Tendencias
Sed ut perspiciatis unde omnis iste..
Quis nostrud exercitation ullamco..
Incididunt ut labore et dolore magna aliqua..

Sobre mi

Hola 👋 Soy Jane Doe, Soy la creadora de este Blog. Una de mis cosas favoritas es viajar, divertirme y tomar el sol :)

¿Quieres aprender conmigo?
Explora los cursos y recursos que tengo para ti
en esta pagina o mis redes sociales.